
viernes, 27 de agosto de 2010
la conjura de las ramitas
se sumerge, siempre trompudo, en aguas caldeadas por la fauna local. nada, idiota, entre la flora. contempla, invisible, calamidades como calamares. se le adhieren, fugazmente, parásitos de gran tamaño (ocho o nueve veces el suyo). momias-tornados tambaleantes pasean por la superficie bajando la temperatura al tiempo que inmensas grietas abisales permiten ver reflejos rojos entre la humareda y las burbujas. muy quieto acaricia, lenta y suavemente, su mentón. espera, impaciente, encontrar alguna especie de ramita en ese tortuoso sendero interminable que lo lleva, más tarde, al mismo lugar. ramudo volverá el trompudo.


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